martes, 6 de enero de 2026

Esteban Farfán Romero - ¿Construirías un municipio con payasos y canastones? La política-circo y el vacío programático que condena a Yacuiba

El Dedo en la Llaga


¿Construirías un municipio con payasos y canastones? La política-circo y el vacío programático que condena a Yacuiba



Por: Esteban Farfán Romero - (El Marucho)
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Yacuiba (Gran Chaco), 6 de enero de 2026
• Ante la encrucijada crítica de desarrollo que enfrenta Yacuiba, el ciclo electoral repite un patrón patológico: la sustitución del proyecto técnico por el espectáculo clientelar. Este artículo deconstruye la peligrosa ecuación donde carisma y prebenda opacan diagnósticos serios, cronogramas y métricas de evaluación, instalando la improvisación como método de gobierno y el retroceso como destino.

• ¿Qué une a un arquitecto irresponsable y a un candidato sin programa? Ambos construyen sobre arena, confiando en la suerte y condenando a los habitantes al derrumbe. Mientras Yacuiba clama por soluciones estructurales, la vieja política, ahora con maquillaje joven y carismático, ofrece solo el efímero consuelo del panem et circenses, hipotecando el futuro en el altar del voto cautivo.

• El clientelismo no es generosidad; es la confesión pública de una bancarrota intelectual. La distribución de juguetes y canastones no es solidaridad, sino el precio vil de un voto, y la evidencia más tangible de la sequedad absoluta de ideas. Exigir planes es un acto de soberanía ciudadana; conformarse con espectáculos, un acto de complicidad con el subdesarrollo.
Abstract: Este artículo realiza una disección crítica del momento electoral en Yacuiba, partiendo de la analogía fundacional entre el plano arquitectónico y el programa político. Se argumenta que la ausencia de este último constituye una renuncia deliberada a la gobernanza racional y un regreso a la política como puro ritual emocional y transacción clientelar. El análisis se estructura en tres ejes: 1) La deconstrucción del dispositivo populista (el espectáculo, la dádiva, el liderazgo carismático-vacío). 2) La anatomía de lo que se niega: el programa como contrato técnico, diagnóstico, cronograma y métrica de evaluación. 3) El riesgo concreto de la improvisación: la perpetuación de la crisis de desarrollo en el Chaco como consecuencia directa de la elección irreflexiva. Se concluye que la exigencia de un plan no es una demanda tecnocrática elitista, sino un imperativo democrático de primera magnitud para romper el círculo vicioso del subdesarrollo político.
1. Introducción: Del Plano a la Polis - Una Analogía Indispensable.

La pregunta “¿usted construiría una casa sin un plano?” es aceptada universalmente como un axioma de la razón práctica. Su traslación al ámbito político, sin embargo, revela una fractura preocupante en la racionalidad colectiva. La política, en su esencia más noble, es la arquitectura de lo común, la ingeniería social que diseña el espacio público. Elegir un gobernante sin programa es, por tanto, un acto de irresponsabilidad equiparable a encargar una obra mayor a un maestro sin proyecto, confiando únicamente en su simpatía o en sus promesas de regalos durante la construcción. Es aceptar que el destino de la polis se edifique sobre el barro movedizo de la improvisación.
2. La Necrosis Programática: Cuando el Clientelismo Sustituye al Proyecto.

Lo que se observa en el actual panorama no es la simple ausencia de documentos, sino la activa promoción de un antiprograma. Las prácticas descritas -juguetes, chocolates, payasos, canastones, bailes folclóricos vaciados de contenido- no son “tradiciones inocentes”. Son la columna vertebral de una economía política del voto cautivo. Constituyen un mecanismo de intercambio perverso que opera bajo una lógica precisa:

• Despolitización: Reducen la complejidad de los problemas públicos (empleo, salud, infraestructura, diversificación productiva) a una transacción emocional y material inmediata.

• Infantilización del Electorado: Tratan al ciudadano como un menor de edad política, cuya lealtad se compra con golosinas y entretenimiento, anulando su capacidad de juicio sobre propuestas.

• Confesión de Bancarrota Intelectual: es la prueba fáctica de la sequedad de ideas. Quien no puede argumentar con diagnósticos, datos y soluciones, argumenta con espectáculo. Es la política como performance, donde la forma (el carisma, el show) anula por completo el fondo.
3. La Metamorfosis del Viejo Leviatán: Caras Nuevas, Jeringuillas Viejas.

El fenómeno más insidioso es la mutación del aparato político tradicional. Reconoce su pérdida de legitimidad y ejecuta una operación cosmética: envía a la vanguardia “caras nuevas, caras jóvenes, caras carismáticas”. Este rejuvenecimiento epidérmico es una estrategia de camuflaje. Detrás del rostro fresco y las palabras modernizantes, late el mismo corazón de la vieja política clientelar y cortoplacista. Es el mismo sustrato que prioriza la captura del poder sobre la construcción de consensos para el desarrollo, que ve el Estado como botín y no como instrumento técnico al servicio del bien común. Esta metamorfosis no es renovación; es mimetismo para sobrevivir.
4. La Ingeniería de lo Público: Exigir el Plano como Acto de Rebelión Cívica.

Frente a este antiprograma, la ciudadanía debe elevar la demanda del programa como un contrato técnico-político. Este debe ser, inexcusablemente:

• Diagnóstico Basado en Evidencia: Un análisis crudo, no edulcorado, de los problemas estructurales de Yacuiba, respaldado por datos duros, no por lugares comunes.

• Marco Teórico-Práctico: Una explicación de las causas raíz y la fundamentación de las soluciones propuestas (¿por qué X y no Y?).

• Cronograma con Hitos Verificables: Una hoja de ruta con metas intermedias, responsables y fechas claras. La gestión no puede ser una “caja negra”.

• Métricas de Evaluación y Rendición de Cuentas: Indicadores de resultado claros. ¿Cómo mediremos el éxito o el fracaso? ¿A quién se le exigirá?
Exigir esto no es ser “técnico” o “elitista”; es ser soberano. Es trasladar la relación de poder del patrón-cliente al gobernante-ciudadano.
5. Conclusión: Yacuiba en la Bisagra - Entre el Populismo Efímero y la Construcción Sostenible.

El Gran Chaco y Yacuiba, como su epicentro vital, no pueden darse el lujo de la improvisación. Los problemas son demasiado profundos, las necesidades demasiado urgentes, la competencia regional demasiado feroz. Poner el futuro en manos de la demagogia populista es un acto de autoflagelación colectiva. Es elegir, conscientemente, el camino del estancamiento.

La verdadera disyuntiva no es entre izquierda o derecha, sino entre seriedad y frivolidad, entre proyecto y espectáculo, entre construir con plano o condenarse a vivir en la ruina de las buenas intenciones. La próxima votación no es un concurso de popularidad; es una junta de accionistas decidiendo el plan de negocios para su patrimonio común: el municipio. Exijamos el plano. Nuestro voto debe ser un acto de ingeniería política, no un aplauso al mejor animador.

sábado, 3 de enero de 2026

Esteban Farfán Romero - Del micrófono al poder: cuando el periodismo se estrella contra la política

EL DEDO EN LA LLAGA

 

Del micrófono al poder: cuando el periodismo se estrella contra la política

 

  • El periodismo y la política conviven en el mismo espacio público, pero obedecen a reglas opuestas. Cuando un periodista cruza la línea sin preparación ni vocación, la política suele cobrar la factura con intereses devastadores.
  • En Yacuiba, varios periodistas creen que mero ser informadores los habilita para gobernar. La historia demuestra lo contrario: la política no premia opinadores, devora improvisados.
  • Confundir el micrófono con el poder es uno de los errores más caros de la vida pública. Muchos periodistas lo aprendieron tarde, chamuscados por la fría maquinaria política.
  • El periodismo observa; la política decide. Cuando se ignora esa diferencia, el resultado suele ser fracaso, irrelevancia y silencio.
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Por: Esteban Farfán Romero (El Marucho)
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Yacuiba (Gran Chaco), 3 de enero de 2026
 
Periodismo y política: enemigos condenados a convivir
 
El periodismo y la política comparten escenario, pero no naturaleza. Son como el cuchillo y la herida: se tocan, pero no se confunden. El periodista pregunta, interpela, desnuda. El político decide, ejecuta, asume costos. Cuando alguien cree que ambos oficios se juegan con las mismas reglas, suele terminar quemado, trasquilado o reducido a anécdota menor.
 
Max Weber advertía que la política exige una ética de la responsabilidad, no solo de la convicción. El periodista puede denunciar sin pagar consecuencias directas; el político gobierna bajo el peso de cada decisión (Weber). Allí empieza el abismo.
 
DIEZ CONTRASTES CLAVES ENTRE PERIODISMO Y POLÍTICA
 
1. Observador vs. Decisor
 
El periodista observa el poder; el político lo ejerce. Uno describe la tormenta, el otro debe pilotear el barco. Confundir relato con conducción es suicidio político (Arendt).
 
2. Crítica sin costo vs. Decisión con costo
 
El periodismo critica desde afuera; la política paga cada error. La política no castiga la ingenuidad: la pulveriza (Maquiavelo).
 
3. Micrófono vs. Autoridad
 
La visibilidad mediática no equivale a autoridad política. Tener audiencia no significa tener poder real (Bourdieu).
 
4. Denuncia vs. Gestión
 
Denunciar es señalar el problema; gobernar es resolverlo con recursos escasos, enemigos activos y tiempo en contra (Schmitt).
 
5. Ética del decir vs. Ética del hacer
 
El periodista responde por lo que dice; el político por lo que hace o deja de hacer. La palabra en política no basta (Weber).
 
6. Popularidad vs. Legitimidad
 
El aplauso mediático es efímero; la legitimidad se construye con resultados. La política no vive de likes (Tocqueville).
 
7. Independencia aparente vs. Compromiso permanente
 
El periodista presume independencia; el político está atado a alianzas, correlaciones de fuerza y negociaciones permanentes (Gramsci).
 
8. Moral cómoda vs. Moral trágica
 
La política obliga a elegir entre males. El periodista juzga desde la comodidad del deber ser (Arendt).
 
9. Relato vs. Poder
 
El periodismo construye relatos; la política administra conflictos reales. Confundir narrativa con poder es infantilismo político (Foucault).
 
10. Crítica reactiva vs. Construcción estratégica
 
El periodista reacciona; el político planifica. La política es ajedrez, no micrófono abierto (Maquiavelo).
 
YACUIBA: EL ERROR QUE SE REPITE
 
En Yacuiba, el fenómeno se repite como chiste malo contado en sobremesa: periodistas entusiasmados, convencidos de que la crítica los legitima para gobernar. Pero no conocen la política, no la estudian, no la aman. Y sin pasión por lo público, la política los detecta rápido.
 
Aquí la política es una máquina moledora de carne. No perdona ingenuos ni improvisados. Muchos entraron creyendo que era un programa radial ampliado y salieron chamuscados, sin pena ni gloria, convertidos en advertencia ajena.
 
La pregunta incómoda es inevitable:
Si no los impulsa la pasión por el bien público, ¿qué los impulsa? ¿Vanidad, revancha, cálculo personal?
 
REFLEXIÓN FINAL
 
El periodismo y la política son antagónicos. Necesarios, sí. Complementarios, a veces. Pero enemigos estructurales. Cuando un periodista cruza de bando sin preparación, sin vocación y sin comprensión del poder, el final suele ser previsible.
 
La política no es escenario para amateurs ilustrados. Es territorio hostil, cruel, despiadado. Quien entra creyendo que se juega con las reglas del periodismo, termina derrotado por una lógica que nunca entendió.
Como advertía Maquiavelo, el poder no castiga la mala intención, castiga la incompetencia.

 

 



miércoles, 31 de diciembre de 2025

Esteban Farfán Romero - Castillo: La Prehistoria Política de Yacuiba - Cuando el Cuoteo Sustituye al Proyecto

El Dedo de la Llaga

 

Castillo: La Prehistoria Política de Yacuiba - Cuando el Cuoteo Sustituye al Proyecto

 


Por: Esteban Farfán Romero - (El Marucho)

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Yacuiba (Gran Chaco), diciembre 31, de 2025

 

La política, en su esencia agonista, no se reduce a meras formas. Es el teatro donde se decide si una comunidad avanza hacia su telos histórico o retrocede hacia el clientelismo tribal. El acto inicial de Juan Carlos Castillo (candidato a alcalde) no fue un simple tropiezo retórico; fue una revelación sintomática, una ventana brutal a una mentalidad política que confunde la conquista del poder municipal con el reparto del botín. Yacuiba, al borde del siglo XXI, merece algo más que un cacique con micrófono.

 

ACTOS: EL RITO VACÍO Y LA REPRODUCCIÓN DE LO MISMO

 

El diagnóstico: Un acto fundacional sin fundamento.

 

Castillo inauguró su camino no con un discurso, sino con una performance de improvisación. Donde debía haber un programa rector, hubo desorden; donde debía haber un relato de ciudad, hubo la crónica de una alianza espuria. Ceder el primer escaño al gremio del transporte no es una estrategia: es la capitulación prematura. Es la confirmación de que, para Castillo, la política sigue siendo el arte de administrar privilegios, no de imaginar futuros. Es la vieja política criolla, aquella que Hegel hubiera identificado como la pura inmediatez, sin mediación racional alguna, disfrazada con lágrimas y aplausos.

 

La anatomía del problema: El cuoteo como patología del subdesarrollo.

 

Esto trasciende lo anecdótico. Es la materialización de lo que el politólogo Guillermo O'Donnell llamó "particularismo": la sustitución del interés general por el interés de facción. Al cuotear, Castillo no construye una coalición de gobierno; erige un cartel de intereses. Anuncia que su administración será un campo de batalla corporativo, donde el gremio del transporte -ese mercado cautivo, fósil regulatorio- negociará su libertad de acción a cambio de votos. Es la negación misma de la política como espacio de lo común.

 

¿Modernización? La propuesta del Megaproyecto de “La Nueva Yacuiba Siglo XXI”, construida desde hace 15 años, producto de la investigación, el diálogo con personalidades, vecinos, las encuestas, grupos focales, etc., establece la liberalización del transporte, la muerte del gremio como parásito estatal, el servicio 24/7 digital, se ahoga en el primer suspiro. Castillo, al abrazar al gremio, firma la sentencia de postergación. Su gesto dice: "Aquí no habrá Schumpeter (destrucción creativa), aquí habrá estabilidad del atraso". Es la consagración de la subadministración que Peter Drucker diagnosticó: no somos pobres por lo que nos falta, sino por cómo -y para quién- gobernamos lo que tenemos.

 

El síntoma mayor: La cooptación institucional y el fantasma del MAS.

 

Hay un pecado mayor, uno de lesa democracia: usar las instalaciones gremiales como búnker partisano. Esta no es una táctica ingenua; es el manual del MAS. Es la confusión totalitaria entre institución y partido, entre lo público y lo faccioso. Al hacerlo, Castillo viola un principio sagrado: el voto es un acto individual, íntimo, no un botín corporativo. Reproduce la lógica del "movimientismo" que, desde el siglo pasado, ha vaciado la autonomía de la sociedad civil. ¿Es ignorancia y analfabetismo? Quizás. Pero en política, la ignorancia de los principios democráticos es complicidad con el autoritarismo. Castillo se revela así: no es la alternativa, es el MAS con otro rostro, la misma lógica de captura con distinto maquillaje.

 

EL DISCURSO DEL VACÍO: ESPECTÁCULO SIN SUSTANCIA

 

Aquí reside la tragedia mayor: Castillo tiene 30 años de experiencia en radio, domina el instrumento de la emoción. Y, sin embargo, ofrece solo ruido, no hay ideas. Su discurso fue un torbellino de buenas intenciones que no tocó tierra en ninguna idea. Es la política como puro significante vacío (Zizek), donde la vibración reemplaza al contenido, donde las lágrimas suplen a las neuronas. La emoción moviliza, pero no gobierna. Gobernar exige razón estratégica, planos matriciales, capacidad de ejecución. De lo que se vio, solo hay energía desbocada, un entusiasmo que, sin conducción, deviene en autodestrucción. Es peligroso. Un pueblo no se gobierna con pathos; se gobierna con logos.

 

PROGNOSIS: YACUIBA ANTE LA ENCRUCIJADA

 

Las señales son tan claras como graves: Castillo ofrece más de lo mismo. Un programa de estancamiento activo. Promete avanzar y su primera acción es un pacto con los guardianes del statu quo. Es el freno de mano a la modernización, el cangrejismo político: mucho movimiento para no salir del hoyo.

 

¿Hay esperanza? La política es el reino de lo contingente. Un milagro podría ocurrir: que Castillo despierte, despida a los asesores del cuoteo y abrace un proyecto de ciudad. Pero la metáfora es brutal: una planta de papaya no dará sandías. La estructura de su campaña -improvisada, clientelar, cortoplacista- anuncia la estructura de su gobierno.

 

Yacuiba se juega su destino en esta elección. Puede optar por la prehistoria política de Castillo -el reparto, el gremialismo, el espectáculo vacío- o puede exigir una opción que entienda que gobernar en el siglo XXI es otra cosa. Es administrar complejidad, liberar mercados estrangulados, digitalizar servicios, pensar en megaproyectos que trasciendan ciclos electorales. El proyecto de La Yacuiba del Siglo XXI, hoy postergado por mi exclusión y por la miopía de los que llegan, sigue en stand by. La pregunta que late es: ¿Yacuiba aceptará seguir siendo administrada como una hacienda gremial, o despertará para exigir ser gobernada como una ciudad del futuro?

 

El tiempo, como el desarrollo, no espera a quienes confunden la política con el reparto de cargos.

Esteban Farfán Romero - Improvisación, Cuoteo/Cuateo y Vacío: el Manual del Fracaso Municipal

 

EL DEDO EN LA LLAGA

 

 Improvisación, Cuoteo/Cuateo y Vacío: el Manual del Fracaso Municipal

 


·  Castillo arrancó mal… y eso no es un detalle

·  Cuando la Política se Reduce al Reparto de Cargos

·  Mucho Entusiasmo, Cero Proyecto de Ciudad

·  La Vieja Política con Micrófono Nuevo

·  Cuando el Cuoteo Reemplaza a la Idea de Ciudad

 

Por: Esteban Farfán Romero - (El Marucho)

@EstebanFarfanR

Yacuiba, diciembre 31, de 2025

 

En política no existen los errores inocentes. Las formas revelan el fondo. Quien no entiende eso está condenado a repetir el fracaso, aunque grite entusiasmo y exhiba buenas intenciones. La historia política no perdona a los improvisados.

 

Juan Carlos Castillo arrancó su campaña como gobiernan los mediocres: sin orden, sin estructura, sin idea rectora. Un acto improvisado, desprolijo, caótico. No fue un traspié logístico: fue una radiografía anticipada de lo que vendría. Cuando una campaña nace sin forma, el gobierno nace sin rumbo.

 

El anuncio de la alianza con el transporte urbano, entregando la cabeza de la lista de concejales a un dirigente gremial, es una confesión política explícita. No es pluralismo. No es inclusión. Es cuoteo y cuateo puro y duro, el mismo que el MAS nos ha dejado y hemos heredado de los partidos tradicionales, la práctica más rancia de la política criolla. El intercambio obsceno de cargos por votos. La política convertida en mercado de favores.

 

Ese gesto revela todo: no hay proyecto de ciudad, no hay visión estratégica, no hay planificación. Hay una simple suma de intereses corporativos para llegar al poder y administrarlo sin tocar nada. Gobernar para que nada cambie. Llegar para conservar el atraso.

Castillo habló largo, pero no dijo absolutamente nada. Y eso, en alguien con casi treinta años de experiencia en radio, no es casualidad: es incapacidad e ignorancia política. Tenía todas las herramientas para construir un mensaje potente y eligió el vacío. Mucha voz, ninguna idea. Mucha escena, cero contenido.

 

El discurso fue una secuencia de frases huecas, sin concepto, sin eje, sin propuesta. Los periodistas terminaron con el bolígrafo suspendido en el aire, frente a una hoja en blanco. Cuando no hay nada para anotar, es porque no hubo nada que pensar.

 

La emoción sirve para agitar, pero no sirve para gobernar. El llanto no diseña políticas públicas. La épica impostada no gestiona ciudades. Para gobernar se necesitan ideas, inteligencia estratégica, planificación técnica y visión de largo plazo. No basta con el entusiasmo: el entusiasmo sin cerebro es muy peligroso (Lara).

 

La señal es brutalmente clara: si Castillo llega a la Alcaldía, Yacuiba no va a cambiar absolutamente nada. El pacto con el transporte no busca mejorar el servicio, busca blindar privilegios. El concejal no representará al ciudadano, representará a un gremio atrincherado en la defensa de sus rentas.

 

Eso significa frenar cualquier intento de modernización. Ir hacia atrás. Retroceder mientras el mundo avanza. Yacuiba caminando como cangrejo.

 

El megaproyecto La Yacuiba del Siglo XXI, que se ha construido desde hace 15 años, ataca de manera frontal lo que hoy sigue siendo una herejía local: modernizar el transporte, liberalizar el mercado, romper el secuestro estatal-gremial, introducir libre competencia, tecnología y reglas claras. Menos corporaciones, más servicio. Menos arbitrariedad, más usuario.

 

Nada de eso es compatible con el cuoteo. El cuoteo es la negación de la modernización.

A esto se suma otra señal inquietante: el uso de instalaciones gremiales como plataformas partidarias, exactamente la misma práctica autoritaria del MAS. Cooptar instituciones es violar la libertad política de sus miembros. El voto no es colectivo, es individual. Todo lo demás es práctica corporativista, premoderna, precapitalista y antidemocrática.

 

¿Ignorancia política o continuidad del modelo MAS? Da casi lo mismo. El resultado es idéntico: más de lo mismo con otro envoltorio.

 

El reparto de cargos es una técnica vieja, sucia y eficaz para perpetuar el atraso. Castillo no la cuestiona: la reproduce. Y quien reproduce las prácticas del pasado no puede prometer futuro.

 

Peter Drucker fue implacable: las sociedades no fracasan por falta de recursos, fracasan por mala administración. Y Yacuiba es un ejemplo perfecto de subadministración crónica. Mucha energía desbordada, cero organización matricial. Mucho voluntarismo, ninguna estrategia. Eso no es solo ineficiencia: es riesgo político.


Todo indica que Castillo no tiene estrategia electoral ni política. Improvisa, reacciona, se deja llevar por la emoción. Alguien debería decirle que en política la improvisación no es valentía: es irresponsabilidad total y absoluta.

 

Yacuiba merece romper este círculo vicioso. Merece una política que piense, que planifique, que se atreva a incomodar intereses. No merece otra versión del mismo fracaso.

 

Castillo todavía puede corregir. Pero la experiencia enseña que es difícil que una planta de naranja dé frutos de manzanas. Sé que en política hay milagros, sí. Pero los milagros no se improvisan: se construyen con ideas, no con aplausos.

Esteban Farfán Romero - ¿Construirías un municipio con payasos y canastones? La política-circo y el vacío programático que condena a Yacuiba

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